Diez Libros

Argumentos de temporada, para gustos no exquisitos

requesón y mantequilla, a todos nos gusta el frito

Dibujo de Pablo Sánchez Herrero

Antología del humor negro, André Bretón

Seguramente todo lo que se podía escribir sobre el surrealismo se ha escrito ya. Esta antología, seleccionada por el llamado Papa del movimiento, es un clásico millones de veces visitado, y no hace falta que venga un tipo como yo en el 2021 a hablar del asunto, pero bueno, hay que adaptarse a las circunstancias.

Hay una parte de mí que le gustaría siempre innovar y ser vanguardia, y otra que busca más bien la repetición infinita de pequeños rituales de placer; creo que por eso no soy capaz de dejar de fumar, por dar un ejemplo. Y es por eso también que vuelvo a este libro cada cierto tiempo, porque en algunas de sus páginas encuentro un aire de libertad y creatividad juvenil que se me hace absolutamente necesario respirar de vez en cuando. Lo he comprado ya 3 veces, la primera edición que tuve se la quedó una ex, la segunda creo que la perdí en una mudanza y la que tengo ahora la compré solo por tenerla, después de un par de años terribles en lo económico, el año pasado comencé a recuperarme y en consecuencia a comprar libros, y este lo encontré un día por ahí barato y lo cogí sin pensar, para tenerlo cerca, como a los enemigos más encarnizados. Lo cojo de vez en cuando, lo dejo calculadamente en la esquina del baño, o en algún recoveco del salón, así tengo que hojearlo medio minuto mientras estoy en tiempo muerto. Como son textos en su mayoría cortos, la posibilidad de enganche no tiene consecuencias, y claro, aquí hay muchísimos estilos; desde Kafka y Rimbaud hasta Jacob Van Hoddis, si no te gusta uno basta con pasar al siguiente y asunto solucionado.

Cuando descubrí el surrealismo la primera opinión que tuve de Bretón era muy buena, veía las fotos de la década de los 20, con los pintores y los poetas, con aquella ropa que se usaba en la época, y pensaba en los Manifiestos Surrealistas y en lo increíble que tenía que haber sido la aparición de aquella banda del desenfreno en el mundo del arte académico. Yo estaba en plena fase romántico-literaria, quería ser poeta y fotógrafo y de todo, y experimentar y experimentar con todo, relaciones, estilos, técnicas, drogas, etc. todo lo que estuviera a mano era bueno para una nueva experiencia. Leí kilos de libros literalmente, Eluard, Aragon, los dadaístas, Desnos, Soupault, etc. etc.

Bretón siempre estaba allí como el líder, motor de aquel vasto movimiento, pasé mucho tiempo pensando simplemente en aquella increíble entrada: ‘automatismo psíquico puro…’  de hecho todavía en algunos momentos pienso en la posibilidad real de aquello, en la potencia infinita de la imaginación en un terreno tan vasto.

Además yo era de izquierdas, obviamente de una izquierda libertina y desaforada, y el giro político a partir del segundo Manifiesto me parecía obligado históricamente y le encontraba justificación a todo.

Ahora todo es muy diferente, y mi opinión sobre él ha ido mutando con el tiempo, a base de libros, vida y ayunos dialécticos, como dice uno de mis mejores amigos. Pero aun así, aunque ya haya abandonado el campo de “mis héroes”, Bretón sigue siendo para mí una figura realmente rara. Descubrirle, en el momento en que lo hice, me cambió del todo, porque me abrió un mundo de posibilidades que yo en aquella época buscaba un poco a ciegas, el surrealismo me dio la esperanza de que podía existir una forma de vivir más auténtica que la que veía desarrollarse a mi alrededor, y si ellos lo habían conseguido quizás yo fuera capaz de acceder a esos espacios de libertad una vez más.

Lo bueno de esta antología es que no están solamente los surrealistas; los amigotes del Papa, sino también todos aquellos que a él le inspiraban, así que podemos encontrar evidentemente a Rimbaud, Lautreamont y los malditos de rigor, pero también a gente como Lichtenberg, Fourier o el propio Nietzsche, y por supuesto figuras inclasificables como Jarry, Cravan, Picabia o Leonora Carrington.

Para los interesados: si ya eres surrealista ya conoces este libro y no tengo nada que agregar, y al resto sólo añadir que ojalá estés ahora mismo en un momento parecido al que estaba yo cuando descubrí que el más inmenso de todos los territorios libres de la tierra estaba a mi disposición.