Diez Libros

Argumentos de temporada, para gustos no exquisitos

requesón y mantequilla, a todos nos gusta el frito

Dibujo de Pablo Sánchez Herrero

El Corán

De las tres grandes tradiciones librescas del monoteísmo el Corán es la más reciente, sólo esta circunstancia debería servir para señalarlo como la versión más actualizada de una manera de ver el mundo que muchos hemos olvidado (otros muchos no tanto), pero que indiscutiblemente tiene una influencia enorme que no podemos soslayar de ninguna manera. Da igual que seamos agnósticos, ateos o creyentes, el Corán está en la base de muchas de nuestras obsesiones, miedos, vergüenzas, neurosis y cualquier otra condición emocional relacionada con la soledad y el abandono. Representa, como ningún otro libro que yo haya leído, el sabor de la apoplejía mental de los vencidos, el encanto oculto y terriblemente placentero de la derrota emocional. En esto es sin duda una lectura insuperable, solo se me ocurren algunos pasajes de Houllebecq (por citar a un contemporáneo) que podrían, no digo acercarse, pero si beber de la misma fuente, y desde luego en este punto está muy por delante de la Biblia o cualquiera de los libros de la tradición judaica.

La Biblia le supera en crueldad, y en el desarrollo de ese concepto que tanto juego ha dado a tantas generaciones: la culpa, pero también hay fogonazos de ella en el Corán, y muy luminosos por cierto. Y si, los que hayan escuchado la Guemará me hablarán de la belleza y es verdad, estéticamente es muy inferior en general, en su conjunto, a la tradición libresca que han producido los israelíes durante generaciones, pero hay Suras realmente cuidadas, que suenan a pureza desmedida, expresión de una belleza doliente que me hace recordar los mejores versos de San Juan de la Cruz.

Es importante señalar que nos va a parecer (como lectores contemporáneos) brutalmente machista, a rabiar vamos, y que nos aburriremos con las innumerables alusiones al poder de Ala y a la necesidad imperativa y absoluta de obedecer, pero creo que en este caso hay que entender que hay una diferencia cultural tremenda entre aquella sociedad y la nuestra, y si nos acercamos al libro con cierto grado de curiosidad antropológica es una mina de oro. No lo olvidemos, han pasado más de mil años desde su aparición, y fue escrito y compilado cuidadosamente durante décadas por un grupo de hombres para los que la devoción a lo sagrado era el único camino a seguir, no es admisible interpretarlo o criticarlo como si fuera un arrebato de inspiración fulgurante de un vecino hater.

Es muy largo, repetitivo, está desfasado en su visión de conjunto de la sociedad, la economía, las emociones y sentimientos, la política y muchas cosas más, pero creedme, no he leído nunca algo que me haya hecho sentir en los músculos el cansancio de perder una batalla, la sensación del cuerpo que se desencaja por las articulaciones, indefenso, casi ingrávido; es un regusto que espero otros lectores puedan compartir.